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domingo, 27 de febrero de 2011

Cisne negro

Esta madrugada se entregan los premios Óscar en Hollywood. No es que yo les tenga ninguna afición; pero, precisamente, una de las candidatas a obtener la estatuilla como mejor actriz es la protagonista de la última película que he visto: Natalie Portman en Cisne negro.

La película cuenta el camino lleno de dolor, miedo e inseguridad de una bailarina hacia lo sublime y la perfección en el arte, lo que no puede desembocar en otra cosa más que en la locura y la destrucción. Arte y locura se han dado la mano en numerosas ocasiones y, he aquí, una vez más. ¿Realidad o mito?

En mi opinión, Natalie Portman lo es todo en esta película, sin ánimo de menospreciar el trabajo de los demás actores (ni siquiera reconocí a Winona Ryder); por eso, creo que se merece los premios que le concedan sean los que fueren. Una estupenda actriz (no sé si también buena bailarina, porque lo desconozco todo de la técnica del ballet), cuyos rasgos ojerosos y enfermizos revelan desde el inicio el sufrimiento y la angustia que la obsesionan. Yo salí estremecida y triste del cine, preguntándome ¿hace falta sufrir tanto para estar a la altura del arte?

domingo, 30 de enero de 2011

El discurso del rey, Barcelona y el ruido

Definitivamente, Barcelona es una ciudad muy, pero que muy ruidosa. Y no a causa de la gente que se divierte en la calle hasta altas horas de la madrugada (contra cuyo incivismo el ayuntamiento ha lanzado una campaña), sino porque es el mismo consistorio, en mi opinión, el que fomenta el ruido diurno y esa horrible forma de incivismo que es atropellar sin consideración la tranquilidad ajena de un domingo por la mañana.

Sí, sí, esta mañana me he desayunado con una carrera popular de esas que tanto gustan por aquí y con el consecuente grupo de tamborileros, no tocando precisamente música de Bach, sino haciendo un ruido atroz justo debajo de mi casa y, por supuesto, con permiso del ayuntamiento para animar el cotarro durante ¡2 horas! Afortunadamente, se han ido antes. ¿Es que no hay suficiente playa ni parques en la ciudad alejados de las viviendas? ¿No se les pasa por la cabeza a los responsables de «cultura» que puede haber ciudadanos que hayan trabajado toda la noche y necesiten descansar, que haya bebés que pueden sufrir un colapso o, simplemente, gente enferma que necesite paz y sosiego? Es lamentable que en nombre de lo popular solo se sepa generar ruido gratuito, como si esa fuera la única manera de que la gente disfrute y se divierta. ¡Hala, jaleo, jaleo!

Hoy, pensaba dedicar esta entrada a El discurso del rey, una película que me ha gustado y que he ido a ver no por su nominación al Óscar, sino por el protagonista, Colin Firth, que me encanta por su naturalidad, su clase y su cara de niño bueno; sin embargo, las circunstancias del día han desviado el tema hacia otro sitio (la actualidad manda). Por cierto, hablando de ruidos, ¿no os subís por las paredes cuando estáis en el cine y retumban más en tu oreja los crujidos de las dichosas palomitas que la música, el diálogo o los silencios (tan importantes) de una secuencia? ¡Fuera las palomitas del cine!