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lunes, 14 de marzo de 2011

Pollo con salsa de frutos secos

El plato de hoy es una receta clásica catalana (al menos, así lo comenta Josep Pla en Lo que hemos comido). Como suele ser habitual en mí y en la mayoría de las personas que cocinan, a menudo nos permitimos introducir algún cambio, y el que yo propongo es hacer una mezcla de frutos secos, en lugar de utilizar solo almendras. Ahí va.

Ingredientes para 2 personas
Foto: Mica Sant
½ kg de pollo en trozos
1 cebolla grande (250 g)
25 g de almendras y avellanas tostadas
Aceite de oliva virgen
Agua
Sal

Elaboración
1. En 2 cucharadas de aceite, se doran los trozos de pollo, previamente salados, se sacan y se reservan.

2. Se pica la cebolla finamente y, en ese mismo aceite, se dora a fuego medio con un poco de sal. Una vez dorada y blandita, se añaden los trozos de pollo y se cubre de agua. Se deja cocer tapado hasta que el pollo esté tierno (unos 30-45 min, según el tipo de pollo).

3. Se quita la piel a las almendras y las avellanas y se trituran con un poco de agua (o se majan en el mortero sin agua). Se añaden al guiso y se deja cocer unos 15 min más para que la salsa espese. Se pone a punto de sal.

Para aquellos a los que les gustan mis recetas de pollo, aquí tenéis una más para probar. Es tan sencilla como cualquiera de las anteriores y, por supuesto, muy sabrosa.

Menú:
Pollo con salsa de frutos secos

domingo, 13 de febrero de 2011

Lo que hemos comido

Este fin de semana he acabado de leer un libro que hacía tiempo rondaba por casa y que, hasta hace poco, no me he decidido a hincarle el diente. Y viene muy a cuento lo del diente, porque se trata de una obra muy recomendable para todos los interesados en la gastronomía en general y en la cocina tradicional catalana en particular: Lo que hemos comido, Barcelona, Destino, 1997.

Josep Pla no nos ofrece un recetario, sino más bien un recorrido personal, con un toque de añoranza, por los sabores y los olores de otro tiempo. En 400 páginas caben las sopas de pescado y de tomillo (esa de la que yo hice mi versión hace unos días), el cocido catalán o escudella i carn d’olla, el arroz con su sofrito elaborado muy lentamente, el genial derivado del cerdo que es la butifarra, el pollo de masía guisado con almendras, las humildes verduras siempre de temporada, los pescados a la brasa, las salsas de tanto carácter como el romesco o el ajoaceite… y mucho más; pues no se olvida Pla de la gastronomía de otros puntos de España ni tampoco de la centroeuropea o la francesa.

El ideal culinario de Pla es la simplicidad y la ligereza, las grandes amigas de la buena digestión; una cocina sin extravagancias y estacional, elaborada sin prisas y equilibrada en cuanto a los ingredientes. Por eso, a lo largo del libro no deja de repetir unas palabras de su madre, para él fundamentales: «En la cocina se ha de poner de todo… ¡Pero poco!». Solo quiero añadir que, en lo fundamental, estoy de acuerdo con su ideal culinario, aunque pueda haber muchos que discrepen; pero, claro está, en cuestiones del gusto, cada uno tiene el suyo.